CHK7
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Porqué el 7

  • 7º en mi primera carrera del mundial
  • Lleve el 77 en mi primera carrera de 500cc en Albacete
  • Los 7 continentes de nuestro planeta
  • Nacido en la 7ª región de Catalunya (Spain)
  • Los 7 días de la semana
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  • El misterio de las 7 esferas (Agatha Chirstie)
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  • Los 7 colores del Arco Iris

Accidentalmente

Accidentalmente 500

Llegar a la categoría máxima del motociclismo mundial fue mi objetivo desde que tuve claro que quería ser piloto. Lo logré quizás algo antes de lo previsto por un accidente y otro accidente estuvo a punto de bajarme de la moto para siempre.

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Hay trenes a los que hay que subirse cuando pasan ante ti por primera vez y este fue, muy a mi pesar, el de los 500cc. El gravísimo accidente de Alberto Puig en Le Mans provocó que dos días después Sito Pons me plantease subirme a la NSR500 porque la lesión de Alberto iba para largo y mi participación en el Superprestigio de Albacete había demostrado que podía pilotar una “medio litro” con competitividad. Así que disputé los cinco Grandes Premios que quedaban para acabar la temporada. En el primero, en Donington, me tiraron cuando luchaba por la séptima posición, fui octavo y dos veces séptimo a continuación y llegué a Catalunya con mucha moral, una gran motivación y un gran conocimiento del trazado tanto por mi parte como por la del equipo. Salí como una flecha y empecé a pasar pilotos para ponerme en cabeza y en la 18ª vuelta (a falta de 7) me distraje un poco viéndome primero y cuando quise recuperar el ritmo porque, además, Crivillé estaba recortando diferencias, me fui al suelo en la curva Seat. ¡Podía haber ganado en mi quinta carrera de 500!!

Al año siguiente llegamos habiendo hecho un muy buen trabajado de pretemporada y el tercer lugar en el primer Gran Premio del año (Malasia) así lo demostró. ¡Era mi primer podio! La temporada siguió con algunos altibajos pero con la consolidación en al categoría y volvimos a Catalunya en la antepenúltima cita del año. Habíamos trabajado mucho en la puesta a punto y a conciencia, sobre todo con el neumático duro y mi ritmo era superior al del resto. Gané con 6 segundos de ventaja sobre Doohan y Crivillé y en el podio le solté al rey Juan Carlos aquella frase de “a ver si vienes más!” y cerré la temporada con un nuevo podio en Australia.

En el 97 llegó Movistar como patrocinador y fue un año agridulce con resultados de todo tipo pero sobre todo lo pasé mal viendo sufrir a mi compañero Alberto Puig que luchó como nadie y hacia autenticas heroicidades con una pierna en un estado muy precario. Sumé tres podios y me consolidé como uno de los pilotos punteros de la categoría.

Así llego el 98 con Kocinski de compañero de equipo y la voluntad de dar otro paso adelante y convertirme en candidato permanente a la victoria. En las cinco primeras carreras hice dos podios y en la sexta, en el Jarama gané con Abe y Gibernau acompañándome en el podio. Todo el equipo nos teñimos el pelo de rubio platino. Fue un momento mágico aunque, curiosamente, lo peor estaba por llegar.

Tras ser quinto en Holanda, me caí en los entrenamientos de Donington. La caída no fue especialmente dura, de hecho, estuve a punto de volver a salir con la segunda moto, pero creo que me golpeé la costilla con el codo y esta impacto contra al bazo. Regresé a mi motorhome algo mareado pero cada vez me encontraba peor. Llegué a casi desmayarme y, afortunadamente, Jaume Colom, como ángel de la guarda, salió corriendo para pedir ayuda al equipo médico liderado en aquellos tiempos por Claudio Costa. Estaba perdiendo mucha sangre y cuando me vieron los médicos me mandaron en helicóptero a toda pastilla al hospital Queen’s Mary de Nottingham donde me intervinieron de urgencia y me extirparon el bazo, salvándome, literalmente, la vida. Sucedió un viernes y el sábado me subieron ya a la planta de recuperación, pero el domingo llegó lo peor.

Para asegurar que no hubiese hemorragias posteriores a la operación no me administraron mucha heparina y mi sangre, más espesa, formó unos coágulos  que acabaron en el cerebro. Empecé a no poder respirar y con gran esfuerzo pude pronunciar la palabra “nurse” para llamar a la enfermera. Recuerdo unos golpes en el pecho y todo se apagó. Al recuperar la consciencia,  perdí la visión y la movilidad en la mitad de mi cuerpo. Sentí que ya no estaba y que la consciencia trascendía a mi cuerpo. Los médicos me administraron más heparina para disolver el coágulo, la herida del bazo volvió a sangrar y me tuvieron que volver a operar. La cosa no pintaba nada bien.

Afortunadamente, a las 22 horas se deshicieron los coágulos y empecé a recuperar la visón. Para entonces, mis padres ya habían volado a Inglaterra por si era necesario que diesen el consentimiento para realizar una intervención de alto riesgo. Afortunadamente no fue preciso. 

Fui recuperando la movilidad para regresar a casa 17 días después junto a mi padre y Jaume Colom que estuvieron conmigo durante toda mi hospitalización y constatar el cariño de todo el mundo que vino a recibirme y luego me mostro su apoyo mediante cientos y cientos de cartas que fui recibiendo a partir del mismo día del accidente, que agradeceré toda mi vida. Pero necesitaba la tranquilidad, la intimidad y el reposo que encontramos en el Pedraforca con Joan Carreras, mi preparador físico y algunos amigos. Quería trabajar para regresar lo antes posible a las pistas pero sobretodo, hacerlo rodeado de paz, equilibrio y de mi gente. Al principio resultó muy complicado. Los primeros días me costaba cubrir a pié un trayecto de apenas 300 metros. Lo cierto es que resultó realmente duro porque si bien, desde el punto de vista físico iba recuperándome más o menos bien, mentalmente estaba destrozado por la ansiedad y el stress. Cuando hacia algún esfuerzo y me costaba un poco respirar, sentía que me moría.

Pese a ello, hice un test a los 45 días del accidente y decidimos completar la temporada. Con la perspectiva del tiempo creo que nos precipitamos. Fue un suplicio: angustiado, con ansiedad o resoplando dentro del casco en plena carrera. Lo pasé muy mal y en el fondo, el cuarto lugar final que ocupé en el Campeonato del Mundo no compensó el sufrimiento y la angustia. Lo que quería era recuperar mi estado físico, pero sobre todo, mi espíritu.

Necesitaba cambiar de aires, respirar, buscar nuevos retos y el equipo oficial Yamaha me estaba esperando.

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