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Porqué el 7

  • 7º en mi primera carrera del mundial
  • Lleve el 77 en mi primera carrera de 500cc en Albacete
  • Los 7 continentes de nuestro planeta
  • Nacido en la 7ª región de Catalunya (Spain)
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  • El misterio de las 7 esferas (Agatha Chirstie)
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Al cuarto de litro

Todo empezó en Mugello

El circuito de Mugello es, indudablemente, uno de los más complicados del mundo y allí me tocó debutar en el mundial de 250cc. En el cuarto de litro todo pasó muy deprisa.

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Con apenas un test previo en Calafat con una moto estándar, salí a Mugello nervioso y con ganas de comerme el mundo en la primera de las seis carreras mundialistas que debía correr con el equipo italiano. En principio y a pesar de que no conocía ni el circuito ni la categoría, era reacio a ponerme tras alguno de los otros pilotos para ver por donde trazaban, frenaban, aceleraban, etc, pero me acabaron convenciendo de que lo hiciese simplemente para habituarme lo antes posible al circuito y en las últimas sesiones de entrenamientos ya empecé a lograr tiempos decentes para acabar 21º mi primer Gran Premio del  cuarto de litro. Allí además, firmé mi primer contrato profesional con un patrocinador; la marca de cascos Nolan y conocí al que acabaría siendo mi manager y gran amigo desde 1999 hasta el final de mi carrera de carrera, Alberto Vergani.

Andábamos justitos de presupuesto. Tocaba viajar en coche en muchas ocasiones, dormir en una especie de cama de barandas en el camión del equipo que habitualmente transportaba motos y recambio y también quedarme largas temporada en Italia, concretamente en la sede del equipo, Pésaro. Así empezó mi larga y buena relación con el país transalpino en el que  el motociclismo también levanta pasiones. La experiencia fue extraordinaria, por lo rápido que sucedió todo y por cómo fui evolucionando: en el penúltimo Gran Premio que se disputó en Laguna Seca, ya sumé los dos puntos del 14º lugar y en el Jarama, que cerró la temporada, me clasifiqué noveno superando a pilotos como Suter, Jean Michel Bayle o Wilco Zeelemberg, consagrados en la categoría. Fue espectacular, pero, desgraciadamente no nos abrió las puertas de ningún patrocinador importante para seguir corriendo al año siguiente.

Todo parecía irse al traste a principios del 94 hasta que apareció Francesco Pileri, uno de los prestigiosos Team Managers italianos y puso el dinero necesario para completar una temporada en la que pasé de estar a punto de no correr, a ser el mejor piloto privado de la categoría. Prácticamente siempre en los puntos y en un puñado de ocasiones en el Top 10. Acabé 12º por delante de algunos pilotos oficiales.

Llegaba el final de temporada y Albacete acogía el Superprestigio Solo Moto en la categoría de 500. Días antes de la carrera me llamó Jaime Alguersuari a mi primer móvil Motorola que pesaba medio kilo, cuando acababa de subirme a mi  Seat Panda y me dijo que bajase con el mono y el casco porque podría correr. El viernes Sito Pons, con quien ya negociaba incorporarme a su equipo el año siguiente en 250 me dijo que finalmente no sería posible porque era complicado redondear el presupuesto y porque un posible mal resultado podía condicionar el patrocinio. Pero Batiste Borja, piloto de su equipo, se lesionó y tras salir de marcha la noche del viernes, el sábado me vi subido a una Honda NSR500 con el dorsal 77 (el 7 volvía aparecer en mi carrera deportiva). Fui tercero en la primera manga tras Crivillé y Barros. Allí se abrieron las puertas del equipo de Sito Pons, la confianza de Tabacalera i el hecho de saber que podía pilotar una 500 en Albacete con tan solo una hora de entrenamiento.

En el 95 todo pintaba perfecto pero fue duro. Nuestra Honda oficial de 250cc tenía problemas de tracción, la elección de neumáticos no ayudó y los primeros resultados fueron desesperantes pese a empezar cuarto en Australia hasta que en un test en el Circuito de Catalunya, mi técnico, Ramon Forcada probó un cambio que revirtió la situación. Fuimos a Le Mans, mis sensaciones con la moto mejoraron muchísimo y me quedé a las puertas del podio. Todo había cambiado, pero lo más importante había sucedido un día antes de la carrera: mi compañero de equipo Alberto Puig, se cayó a final de recta a 260 Km/hora con la NSR500 y se destrozó la pierna. Un gravísimo accidente que cambió su vida i la mía que en el mismo 95 se cerró con el título de Campeón de España de 250cc. mientras en el mundial, ya estaba subido, sin haberlo previsto, a la 500 de Puig.

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